LA PELEA MAS LARGA DEL AÑO
Cuando empezó este año escolar, sentí que llevaba conmigo la sombra de lo que había pasado el año anterior. Regresé al colegio con una mezcla de esperanza y preocupación, sabiendo que Informática y Dibujo Técnico volverían a ser un reto, especialmente este último, que desde hace años se me ha dificultado. Intenté hacer las cosas bien, pero pronto comenzaron a aparecer los mismos obstáculos de siempre: infografías que no entregaba por no notar las publicaciones en Teams, o simplemente por pereza; trabajos que, aunque completaba en el blog, no bastaban para pasar; lecciones que se acumulaban sin que yo lograra responder a tiempo. Aun así, seguía creyendo que podía mantenerme a flote.
Conforme avanzaron las semanas, me di cuenta de que la situación era más seria de lo que pensaba. En Ciencias Políticas, por ejemplo, mis fallas constantes en asistencia y entregas me fueron hundiendo poco a poco. Cuando iba, a veces no presentaba las tareas; cuando no iba, no llevaba excusas. Todo se acumulaba. Ser repitente me hacía sentir una obligación aún más grande, como si no pudiera fallar de nuevo. Sin embargo, también sabía que todavía podía existir una segunda oportunidad… solo que no tenía claro si llegaría.
El segundo periodo marcó el inicio de un nuevo declive. Aunque en el primero había logrado mantenerme firme especialmente en materias que me habían perjudicado el año pasado, como Química, Filosofía o Español, poco a poco las fallas empezaron a sumarse. Las evaluaciones no presentadas, los talleres atrasados y la desmotivación fueron pesando más que mi esfuerzo. Perdí ocho materias, y en ese momento sentí que mi mundo se tambaleaba. Aun así, traté de seguir, aunque cada vez con más miedo de perder otro año.
La verdadera alarma llegó con el preinforme del tercer periodo: nuevamente estaba mal en ocho materias. Ver la expresión de mi mamá cuando se lo dijeron fue un golpe más fuerte que cualquier nota. En ese instante entendí que no podía seguir así. Me puse las pilas, trabajé hasta el último día, y aun así quedé dependiendo de cinco materias: Trigonometría, Informática, Dibujo Técnico, Ciencias Políticas y Ciencias Económicas. Cinco materias, cuatro áreas, y una sola oportunidad.
El último día de clases pensé que ya no tendría opción de nivelar. Sentí que el año se me escapaba entre los dedos. Pero el 20 de noviembre, cuando ya había perdido casi toda esperanza, me dijeron que sí podía nivelar. Que tenía una última oportunidad. Esa noticia me sacudió, como un recordatorio de que aún no estaba todo perdido.
Y entonces imagino el verdadero final: un año después, de pie en la ceremonia de graduación, con mi familia mirándome, con esa mezcla de orgullo y alivio que solo se siente cuando uno supera algo que parecía imposible. Imaginándome ahí, diploma en mano, entiendo que todo este camino, con caídas, esfuerzos y segundas oportunidades, habrá valido la pena.
Ese será el cierre de mi historia: no solo graduarme, sino demostrarme que sí era capaz.
Infografía para Marketing con los Pasos a Seguir Campaña Digital Ilustrada Profesional Moderna Beige Amarillo y Azul de Esteban Alejandro Echeverry Moreno
Comentarios
Publicar un comentario